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HABLEMOS DE MUJER A MUJER

Las mujeres solemos buscar o crear espacios seguros donde podamos encontrarnos, sentirnos protegidas unas a las otras, hablar de cosas secretas, reírnos, llorar, planificar nuestras próximas acciones, conspirar, soñar y crear hasta lo inimaginable.

Recuerdo un momento en casa de una de mis más queridas amigas, allí nos reuníamos en lo que hoy comprendo mucho mejor, “un espacio seguro”. Estábamos en medio de una jocosa travesura cuando de pronto ese espacio fue emboscado por amigos imprudentes que irrumpieron inesperadamente el lugar. No podíamos parar de reír, nosotras atrapadas con las manos en la masa y ellos triunfantes por descubrirnos en una inusual travesura que ha quedado grabada en nuestra memoria como uno de los momentos más divertidos de nuestra vida universitaria.

Esos espacios seguros existen en innumerables relatos ancestrales, en la mit6ologia griega se habla del poder las 9 musas, hijas de Zeus. Cuentan que estas deidades se reunían, planificaban y luego utilizaban sus poderes para inspirar a poetas, artistas y filósofos, en su labor creadora. Otra historia de espacios seguros lo encontramos en el cuento de Clarisa sobre las mujeres de Ruanda y así cuántas historias más que ustedes pueden encontrar entre las mujeres de sus familias.

El punto importante acá más allá de lo anecdótico, es mostrarte la importancia de que tú cuentes también con un espacio seguro donde puedas dar y encontrar respuestas genuinas, verdaderas, firmes, transformadoras que ayude a expandir la visión, un espacio para hablar de esos temas prohibidos o de esos secretos que pueden condenarnos a la muerte espiritual, un espacio donde puedas vencer resistencias o dejar de reprimir tus pensamientos y emociones, sacarlos, darle luz, observarlos, reconocerlos, darle su justa valoración y utilidad en tu vida.

Estos espacios seguros pueden crearse de muchas formas, por ejemplo, con una o varias amigas, con tu hija, con tu mamá, con tu hermana, con tu sobrina, tu prima, con una terapeuta o si cuantas con una mentora o una coach.

Se trata de construir espacios de luz donde puedas crear una armoniosa danza con tu verdadera naturaleza sensorial que respete, comprenda y honre sus ciclos femeninos.

Es un espacio sin juicio de lo bueno o lo malo, es un espacio de absoluta sinceridad, profundamente compasivo y sanador para liberarnos y recuperar nuestro estado natural de equilibrio que nos devuelva la capacidad de ver con certeza lo que está ocurriendo usando plenamente todos nuestros sentidos.

Es en este espacio seguro donde hablamos de mujer a mujer, recuperamos el poder de la intuición, la energía de la fuerza de vida, nuestra voz, nuestros sueños, nuestro sentido de orientación y conservación, conduciéndonos a la liberación de los miedos alimentados en muchos casos por arraigadas creencias, tradiciones y percepciones desde dónde pensamos, sentimos y actuamos.

Si tienes ese espacio seguro, cuídalo, fortalécelo, honrarlo, agradécelo, si por el contrario aun no lo tienes, te invito a crearlo. Apóyate en tu intuición, has la llamada o las llamadas necesarias y construye ese espacio sagrado donde inevitablemente te agitaras un poco, quizás las estructuras se sacudirán porque comenzarás a reír más, a gritar más, a bailar más, a sentir más, a soñar más, a crear más, en definitiva a vivir con la intensidad que solo una ardiente confianza en sí misma cualesquiera que sean las circunstancias, puede garantizar.

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