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REDEFINICIÓN

Para algunas personas, los cambios no suelen ser sencillos, especialmente cuando son inesperados, lo que provoca resistencias de todo tipo. Sin embargo, hay procesos de cambio, tanto internos como externos, que son inevitables. Y Por más resistencia que pongamos, terminarán ocurriendo. Por ejemplo, los procesos biológicos inherentes a la existencia humana.

Nuestro cuerpo cambia todos los días: nuestras prioridades, nuestros gustos y los paradigmas desde los cuales percibimos y pensamos el mundo —basados en la ciencia, la economía, la política y la religión— también han experimentado grandes transformaciones a lo largo de la historia.

En Venezuela, el inicio turbulento de este 2026 ha sido un recordatorio de que nada está grabado en piedra; todo es cambiante y pasajero, y nuestro control sobre el mundo exterior es efímero, limitado y, en muchos casos, ilusorio.

Estos días han transcurrido para mí en una búsqueda del mundo sutil donde pueda, de alguna manera, ordenar el caos, detectar las sombras y las distorsiones.

Todo esto me ha llevado a redefinir aspectos esenciales en mi vida, y esas redefiniciones implican cambios maravillosos que actúan como catalizadores para crecer y avanzar en la dirección correcta.

Estos cambios pasan, por ejemplo, por redefinir qué cosas y qué personas serán parte de mi vida y cuáles definitivamente no, qué apaga mi luz y qué la nutre, qué eleva mi frecuencia y qué la disminuye. En realidad, este proceso inició durante el segundo semestre de 2025, cuando las alarmas de drenaje energético encendieron sus luces. Aunque pareciera ser lento, no lo es; estas últimas semanas, el proceso simplemente se ha acelerado.

Tomar el tiempo para reflexionar sobre cómo estoy percibiendo la realidad, desde qué paradigmas, detectar las distorsiones y observar el significado que le asigno a las cosas —y si lo hago desde el miedo, la crisis, la escasez, la culpa o el control— es fundamental.

Se trata, entonces, de redefinir lo que realmente es importante para mí en este momento: dónde está mi poder, dónde está mi seguridad, qué quiero compartir con el mundo, qué me hace sentir bien y qué no.

Estas redefiniciones son necesarias para reconectar con la naturaleza de quienes somos y para qué estamos en este plano. Para cultivar cualidades, recuperar la soberanía sobre nuestro cuerpo energético, entrenar la mente para no ser esclavas de pensamientos perturbadores, mantenerla como nuestra aliada y avanzar hacia la libertad interior, estableciendo las bases para alcanzar el bienestar como una forma de ser, y no solo como instantes placenteros.

Esto nos permite fortalecer el alma, nuestro campo energético y mantener el sentido de dirección, aun en momentos difíciles. Sabemos que el universo entero no está al servicio de nuestros deseos; suceden y seguirán sucediendo injusticias y situaciones inenarrables con las que jamás estaremos de acuerdo. Sin embargo, debemos conservar la compasión, el amor, el afecto, la sensatez, la bondad y sobre todo la serenidad.

Como seres de luz, tenemos el poder de cultivar, desarrollar y potenciar todas esas cualidades que entregaremos al mundo para realizarnos plenamente en esta existencia.

Entonces, si en algún momento sientes que estás perdiendo tu poder personal, sientes agotamiento energético, físico, emocional o mental, mi invitación es hacer una pausa, ir al silencio interno y, desde la gratitud, la compasión y el amor, redefinir dónde colocar tu atención, tu energía y tu tiempo.
Lo que en palabras de buda sería ser como un caballo noble: despierto, atento, observador. La llama de la verdad está dentro de tí, búscala y encuéntrala, así como el caballo noble encuentra el camino.
Tener claridad y un sentido de dirección hacia lo que queremos evita las distorsiones y los estados mentales perturbadores que definitivamente no benefician a nadie. Esto previene la pérdida de tiempo y permite establecer límites energéticos y de respeto, evitando abrir espacio en tu vida a personas o situaciones que te drenen la energía. (es decir te protegerá de los vampiros energéticos) Y al mismo tiempo eleva tu frecuencia y tu relación contigo misma, tu amor propio; en definitiva, permite recuperar tu soberanía.

Desde ese espacio seguro, podremos —sin ignorarlas— eclipsar las circunstancias externas para avanzar, superar obstáculos y florecer en un estado de bienestar como base fundamental de nuestra existencia.

Les envio un abrazo,
Con amor,
Mariu

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